La abominación.
Por Hugo Jiménez Rodríguez.
Oleo sobre cartón - Año 1997
Esta obra está inspirada en
la naturaleza. Al fondo se observa un atardecer, el sol ya se ha ocultado y las
nubes y la atmosfera crean un ambiente rojizo-rosáceo. Debajo de este colorido atardecer
pocas veces visto, las montañas al fondo. Entre las montañas y una porción de
un lago que está en la parte inferior, al centro, un animal extraño de pelo
escaso y color carne o café y con cierto parecido a una silueta femenina
invertida, sin rostro, observa con su cabeza un arbusto localizado del lado
derecho.
Sobre la base de este, dos
manos sujetan un pequeño jarrón de color verde esmeralda y rojo, su ademan y la
forma como lo sujeta, lo exhibe y a la vez lo resguarda.
El arbusto es en realidad un
rosal, de proporciones medianas, pero de grueso tallo y grandes espinas. En la
parte superior una flor de jacaranda. El ademan que presenta el animal
fantástico y extraño es de interés a la flor antes mencionada. Al fondo de este
escenario, una pared de glifos con forma de rostro en actitud de espanto o
desagrado.
Este curioso y complejo
arreglo simbólico representa en primer plano la belleza de una silueta
femenina, de tal forma que parezca visualmente y en dirección contraria un ser
vivo, semejante a un mamífero extraño sin rostro, quien observa una flor y
atraído hacia y con la extremidad que debería ser por lógica su rostro, se
colocaría en posición de olfatear la
flor, y al tiempo que la fertiliza, a su vez este extraño animal es invadido por
una intención similar, esta vez por el extraño rosal. Al fondo rostros
representados por glifos horrorizados representan un tipo de rechazo a este tan
inconcebible planteamiento. En la parte superior y levitando como una mítica
medusa aérea, el símbolo de la fertilidad, que une de algún modo las dos
figuras, personajes principales de este arreglo.
Para el artista, la
representación de la fertilidad con estos organismos imaginarios permite al
espectador visualizar estos símbolos y entrelazarlos (aunque sean de
naturalezas diferentes), poder maniobrar con las posibilidades que podría tener
en la fantasía y planeamiento una unión de esta índole, y permitiendo que en la
visión de esto, la razón, la imaginación, la moral y el juicio se encuentren de
tal forma que discurran entre sí, de alguna forma esta idea y mezcolanza
abominable, detestable.
Sin embargo, el autor se
disculpa por atraer al menos unos instantes su juicio, tiempo y razonamientos
en la escena, de tal forma que disfruten del color, la composición y las formas
sea cual fuere su interés y pretensión a la mismas.